El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen llamada María. El ángel le dijo: 'Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.' María respondió: 'He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.'
Oh Dios Todopoderoso y Eterno, que para llevar a cabo la reparación del género humano quisiste que tu Hijo tomara carne en el seno de la Virgen María; concédenos, por intercesión de esta Santísima Madre, que lleguemos a participar de la divinidad de Aquel que se dignó participar de nuestra humanidad. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
En aquellos días, María se puso en camino y fue a visitar a su prima Isabel. Al oír Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: '¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!'
Oh Dios de misericordia, que inspiraste a la Virgen María a visitar a su prima Isabel, llenando de gozo ese hogar; inspíranos también a nosotros a llevar a Jesucristo a todos los hogares y personas que encontremos en nuestro camino, especialmente a los más necesitados. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería exponerla a la infamia, resolvió repudiarla en secreto. Estaba pensando en esto, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: 'José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.'
Oh San José, que con tanta fe y obediencia aceptaste la misión que Dios te encomendó, ruega por nosotros para que seamos también nosotros dóciles a la voz de Dios y fieles en cumplir su voluntad. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes se alegraron con ella. A los ocho días vinieron a circuncidar al niño y querían llamarle como su padre Zacarías. Pero su madre dijo: 'No; se llamará Juan.'
Señor, que suscitaste a Juan el Bautista para preparar el camino de tu Hijo, concédenos preparar nuestros corazones para recibir dignamente al Salvador en esta Navidad. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
Por aquellos días se promulgó un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. José subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, a empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
Señor, que dispusiste los grandes eventos de la historia para que tu Hijo naciera según las Escrituras, ayúdanos a ver tu mano providencial en los aconteciminetos de nuestra propia vida. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
José y María emprendieron el largo camino de Nazaret a Belén. Ella estaba encinta y el viaje era duro. Pero iban en busca del lugar donde habría de cumplirse la promesa: el Mesías nacería en Belén de Judá, la ciudad de David.
Señor Jesús, que viniste a este mundo en medio de dificultades y pobreza, ayúdanos a aceptar con fe los caminos difíciles que tú permites en nuestra vida, sabiendo que en ellos siempre estás presente. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
Cuando llegaron a Belén, no había lugar para ellos en la posada. Los habitantes del pueblo estaban ocupados con el censo, con sus propios asuntos. No había lugar para el Hijo de Dios. Solo un humilde pesebre los acogió.
Señor, perdónanos las veces en que no hemos hecho lugar en nuestro corazón para Ti. Que esta Navidad te abramos de par en par las puertas de nuestra alma, para que nazcas en nosotros. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
Había en la misma comarca unos pastores que pasaban la noche al raso y hacían guardia por turno sobre su rebaño. El ángel del Señor se les apareció, el resplandor de Dios los envolvió de luz, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: 'Os anuncio una gran alegría: os ha nacido un Salvador, Cristo el Señor, en la ciudad de David.'
Señor Jesús, que quisiste anunciar tu nacimiento a los pastores, los más humildes del pueblo, ayúdanos a ser como ellos: sencillos de corazón, atentos a tu voz, y prestos a adorarte con alegría. Amén.
Ven, Señor Jesús. Maranatha.
Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. (Lc 2,7)
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Él ama.
Oh Dios eterno y Todopoderoso, que en esta santa noche has hecho brillar la luz verdadera: Jesucristo, tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María; concédenos que cuantos hemos contemplado el misterio de su nacimiento, participemos de su vida divina. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Silencio santo, noche de paz...
Gloria a Dios en el cielo. Aleluya.